Los queremos humanos
Margarita M. Castro W.
(La Nación, 1 de julio de 1990, página 16.A)
Me voy. Llegó el momento de decidir entre quedarme sosteniendo una situación absurda, pero acepotada por la sociedad, o irme y abrir nuevos caminos y horizontes. Quedarme en lo seguro o arriesgarme a lo incierto. He decidido arriesgarme y explorar nuevas formas de vida. No tengo miedo, estoy segura de mi capacidad para buscar siempre lo mejor aunque esto conlleve dolor. Pero también conlleva vida, progreso, humanismo, realización personal, futuro, primavera que augura un verano y un otoño en paz conmigo misma y con la historia.
Ya no me someto ni doblego ante la humillación, la falta de respeto. Ya no creo en los dioses, esos están en los cielos etéreos o en los templos sagrados esperando adoradores. Creo en los hombres y mujeres de carne y hueso, con amor, sentimientos, calor, dulzura, valentía, debilidad y piel. Creo en un nuevo humanismo basado en el respeto, la justicia y la solidaridad. Donde el amor ennoblece, no degrada; donde los sentimientos se respetan, donde el trabajo fortifica, donde la solidaridad alienta, donde la justicia humaniza.
Deseo amar y ser amada, pero sin esclavitud. Deseo dar y recibir. Deseo vivir en paz conmigo y con los demás. Lucharé por lo mejor y lo bueno para todos sí, pero también para mí. Trabajaré por arrancar los secretos de la naturaleza por medio de la investigación y el estudio. Dejaré un grano de arena las nuevas generaciones. Me siento ciudadana del mundo pero arraigada en América Latina. Desde mi espacio académico y desde mi entorno personal difundiré mis convicciones, ese humanismo en el que creo.
Quiero comunicar a mis hijos lo mejor de mi vida. Quiero acompañarlos en la exploración de un mundo que apenas comienza.
Deseo que José, hasta hoy mi esposo, se encuentre a sí mismo y rompa las cadenas que le atan a su imagen de hombre “todopoderoso”. Deseo que se humanice desde dentro. Le deseo lo mejor. Le amé mucho, le di todo.Le di poder sobre mis pensamientos, sentimientos, decisiones, gustos, etc. Pero hoy tengo confianza en mí misma, recobré la autoestima y exijo respeto a mis sentimientos, mis percepciones para mi persona como ser humano, como mujer. Lamento que no haya podido seguirme en el proceso, en el camino que ha ocurrido en mi personalidad. Se ha quedado en el camino, herido, humillado porque ha perdido el poder sobre mí. Mi exigencia de respeto e igualdad lo percibe como agresión y desamor. Cómo me duele perderlo porque es bueno, simplemente es víctima de una cultura y una educación que mira a la mujer como un ser inferior. Creo que todavía lo amo. Si algún día se humaniza, si algún día valora a la mujer en su totalidad, quizá podamos formar una pareja donde ambos damos y recibimos, donde nadie es dueño de nadie. Pero ese día puede llegar demasiado tarde para él.
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Publicado: 23 Feb 2009