Batman para cinéfilos
Dos artículos de sendos abogados amigos sobre la interpretación política del reciente film sobre Batman
Mi lectura de Batman II
Gustavo Román
La película, conforme me la recomendaron mis amigos, está buena. En lo que a mí respecta, es muy buena por que aborda temas de fondo, relevantes y, por que (de esto no estoy muy seguro), deja las cuestiones abiertas –exige espectadores críticos.
Voy a decirlo de una vez: Batman se me parece mucho a Bush. Claro, mejor parecido, con una historia enternecedora que explica su fervor justiciero (murió su padre, murió Raquel), y siempre bien intencionado; pero todas son preces de las que no podría carecer un héroe.
A ver si me explico: Batman es hijo del fracaso del New Deal (encarnado por el asesinato de su padre y el corrupto devenir de Gótica. Él reconstruirá la mansión paterna –con mejores cimientos- y redimirá a Gótica como no pudo su roosevelt-niano padre… ¿Edipo?). De todas formas, cantar el fracaso de lo que un amigo llama el nice USA (New Deal), es propio de la ideología neoconservadora, siempre escéptica respecto de los proyectos de ingeniería social (salvo cuando dicen querer construir una democracia liberal en Irak).
Lo cierto es que Gótica necesita un salvador; no mejorar sus instituciones porque: 1) estas son corruptas e ineficaces –misma percepción de los Neocon sobre las instituciones del multilateralismo internacional; y 2) la naturaleza del enemigo exige afrontarlo para-institucionalmente.
Sí, Batman es un defensor de la institucionalidad que actúa fuera de la institucionalidad. ¡Un paramilitar! (o un comando Atlacatl enla Universidad Centroamericana José Simeón Cañas). Y es que a un enemigo como el Wasón sólo Batman puede neutralizarlo, porque las “reglas” de la institucionalidad -que a Batman no lo limitan- castran la virilidad necesaria para enfrentarlo: Ojo, Batman no tiene, como el buenazo de Harvey Dent, una jurisdicción demarcada. Sólo él puede viajar a China para “extraditar” a un hampón. Los secuestros realizados por la CIA en varios países de Europa, para llevar a sospechosos de terrorismo a Guantánamo, son la referencia inmediata. Sólo Batman puede interrogar, de la forma que se necesita interrogar, a un monstruo como Wasón (el desfigurado, a diferencia del héroe, no tiene razones ni historia, para actuar como actúa. ¡Aún sus cicatrices no tienen un pasado!). Casualmente, Bush insiste en que la asfixia simulada, como método de interrogatorio, es necesario para con los “terroristas”.
Para redondear, diré que Bruce Wayne es rico –filántropo- y su poder reside en el desarrollo tecnológico (que nunca podrá detenerse, por que a cada nueva arma de los malos habrá que crearle un antídoto que la supere). La carrera tecnológica –con fines bélicos- de la administración Reagan está ahí.
“¡Pero a Batman lo persiguen!” Me dirán. Sí, es un incomprendido y eso aúna a su heroísmo. Bush es considerado, por las élites intelectuales europeas y latinoamericanas, como un ranchero retrógrada e ignorante. Ha sido acusado en Bruselas de crímenes de guerra. Jaime Gutiérrez Góngora (La amenaza del secularismo. La Nación), dice que los farsantes –doble cara- europeos pueden seguir jugando a los derechos humanos y al multilateralismo internacional mientras el pueblo estadounidense pague la alta factura por defender a occidente del fundamentalismo islámico. ¿Lo ven? Robert Kagan dice que Europa puede darse el lujo de usar el guante de seda del poder blando, solamente porque USA ha tenido el coraje de usar el poder duro. Kagan, en consecuencia, llama a USA a desempeñar su vocación de “soberano Hobbessiano” en el mundo.
¿Acaso el Leviatán no es un monstruo? ¡Ah, pero nos da seguridad! Y, ante una amenaza como la del Wasón, el otro carajo es lo que Condolezza llamaría el mal menor. ¿Pero no es una exageración llamar a Batman “soberano”? No, no para el patriarca del derecho público Carl Schmitt: “es soberano quien decide sobre el estado de excepción” (capítulo primero de la Teología Política). Batman siempre actúa en estado de excepción. Claro, no hay que temer por que él es justo y con un alto sentido de la moralidad (los Neocon llaman a eso “hegemonía benevolente”). La moralidad es, desde luego, importante para ellos. Esta gente no usa el realismo político en sus relaciones internacionales (como el Nóbel Kissinger, tan querido en Chile por el 11 de setiembre no famoso y la Operación Cóndor), sino que imprimen una fuerte dosis de su moralidad a la política exterior estadounidense. Pero tranquilos, podemos confiar, por que Batman, aunque no sea responsable ni limitado (constitucionalismo a la basura!!!!) sabrá comportarse con rectitud y probidad.
¿De qué nos defiende Batman? Del caos; el Wasón es, lo apuntaba Hugo Picado, un profeta del caos. ¿Y el más famoso enemigo del caos en el siglo XX no es Carl Schmitt? Frente al caos, el imperio de la ley. No necesariamente la ley del Estado Democrático de Derecho, simplemente la ley (fundamentalmente, en el estado de excepción). Ya lo había dicho Hans Kelsen en la Teoría General del Estado (1925): “allí no hay ausencia de ley, la peor dictadura es ley”. Vienen a la memoria los regímenes de seguridad nacional, las razones de Estado.
Lo reconozco, brinqué en mi butaca. Batman, de entrada, me simpatiza, ¡lo quisiera en mi vecindario!… porque soy abogado (y me interesa el derecho público). Contener el caos es casi instintivo en esta profesión. Schmitt lo llamó impulso Katecóntico, “el que detiene el caos” (el laxo discurso democrático hablará de gobernabilidad). Pero aún los impulsos más hondos deben problematizarse, cuestionarse. Y lo cierto es que ni las tradiciones del humanismo, ni la confluencia actual de liberalismo, constitucionalismo y democracia (derechos humanos incluidos), soportan a un tipo como Batman.
En lo personal, hay algo más de fondo. Mi fe aspira remitirse a ni más ni menos que un profeta del caos. Jesús de Nazaret y Pablo de Tarso fueron profetas del caos. No como el Wasón. De él sólo me simpatiza su desvelamiento de la mentira sustancial del sistema, su moralidad y sus instituciones. El Wasón sabe (y se burla de ello), que quienes se pavonean como defensores de la institucionalidad democrática, sólo tienen un respeto epidérmico por ella. En el fondo, son los mayores violadores de la institucionalidad, pero saben muy bien como “cubrirse las espaldas” de cara a ella. Pero no me apunto en el circo del Wasón por que su cínica carcajada no es un fin de la historia mejor que el de Fukuyama; tal vez más honesto, pero no mejor. Ya lo dijo Hinkelammert, la posmodernidad es modernidad in extremis.
Hace 2000 años, tras guerras civiles de alcance mundial, el mundo vivía, bajo la égida del Imperio Romano, un inusual período de paz. Había cierta áurea helenística mundial: una apoteosis del nomos. Ese discurso triunfal, decente y civilizado, podía cantarse en melodía pagana (Filón) o podía cantarse con flauta judía (Josefo). El judaísmo, con su teología del nomos, aportaba (hasta antes de la guerra de los judíos) ley y orden al Imperio (no es de extrañar que, para César, la judía fuera religio licita). Frente a la aristocracia palestinense, aliada -con tensiones- del invasor romano, Jesús trastocará los valores: Los que creen ver son ciegos, los últimos son los primeros, el señorío se ejerce lavándole los pies a los demás, y el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado, etc. El libro del célebre profesor de la Universidad Heidelberg, Gerd Theissen, “El Movimiento de Jesús. Historia social de una revolución de los valores”fundamenta lo que vengo diciendo. El apocalíptico galileo fue un profeta del caos… “No quedará piedra sobre piedra”.
Luego, frente a la pax romana, Pablo hace añicos el consenso existente en el humus greco-judío-romano. Invierte los valores: Elimperator no es el nomos sino el clavado por el nomos en la cruz (el desfigurado, el maldito le dirá a los gálatas). ¡Es una barbaridad ante la que no son nada todos los aprendices de revolucionario! Pablo pone el mundo, el cosmos, “patas arriba”. Sí, es universalista, pero lo es por el “ojo de la aguja” del Crucificado. ¡Boommm! ¡la inversión de todos los valores de este mundo! Traerse abajo el World Trade Centeres una nimiedad.
Sé lo que piensan: el interés por el poder del Estado lo tienen también las iglesias. Cierto. Oramos por la conservación del Estado, porque… ¡Dios no lo quiera! si no permanece irrumpiría el caos o, peor aún, el reino de Dios.
Pero al menos tratemos de hacer dos cosas: 1) cuidémonos de no sacralizar el orden (¡ay Constantino!); 2) no aceptemos la negación de la vida de los nadies (Galeano) ni de los monstruos, en aras de la conservación del orden; 3) juzguemos ese orden desde un horizonte utópico que anime nuestra humanidad; y 4) aportemos, en esa dirección, al diálogo político con los demás.
Abrazos, Tavo.
El Guasón del Sistema Complejo
Hugo Picado León
5 de agosto de 2008
Uno de los requisitos fundamentales para el éxito de un cómic es la presencia de villanos temibles. En ese sentido, la batifactoría es particularmente generosa en magníficos antihéroes, como Acertijo, Señor Frío, Rey Tut, Hiedra Venenosa, Dos Caras, Espantapájaros y, quizás los tres más célebres, Gatúbela, Pingüino y Guasón. Si la anterior película de Batman dirigida por Christopher Nolan indagó sobre la psicología del héroe de Ciudad Gótica, en la nueva entrega (Batman: El Caballero de la Noche) el interés se centra en la psicología de un villano postmoderno, personificado por el difunto actor Heath Ledger. Los personajes suelen sobrevivir a las personas. Ledger ya no volverá a actuar. Pero, seguramente, el personaje del Guasón continuará siendo reinventado.
En Apocalípticos e Integrados, Umberto Eco estudiaba a los personajes del cómic como arquetipos de aspiraciones y frustraciones sociales. Ello es válido tanto para los superhéroes como para los supervillanos. Los personajes se adaptan a su época y permiten su relectura. El Guasón interpretado por Ledger es muy diferente de las anteriores encarnaciones de César Romero y de Jack Nicholson, aunque todas excelentes. No sólo se trata de un Guasón mucho más joven y cruel, sino que esgrime discursivamente una filosofía postmoderna: la filosofía del caos. En términos más generales, la teoría de los sistemas complejos.
Quien mire la cinta deberá utilizar referentes para intentar comprender a este denso personaje del Guasón. Por momentos parece rendir homenaje a una serie de notables villanos del cine, especialmente a Anibal Lecter, de El Silencio de los Inocentes y a Alex, el jefe de los drugos de La Naranja Mecánica. Al Dr. Lecter se asemeja sobre todo por su inteligencia criminal (recuérdense sus respectivas fugas) y por la utilización de la palabra como medio de tortura (por ejemplo, en las conversaciones del Guasón con la policía o con Harvey Dent). Con Alex comparte el recurso a un chocante humor negro, la máscara, la macabra estampa circense y los ademanes histriónicos (nótense estos aspectos en toda la trama del estallido del Hospital Central). Más aún, tanto el Guasón de Nohlan, como el Alex de Kubrick y de Burguess, cuestionan con acidez y violencia la concepción mecanicista de una sociedad controlada bajo el viejo paradigma de la modernidad. Ambos personajes ponen de manifiesto las opacidades del conductismo pavloviano como maquinaria aplicada a seres vivos, díganse naranjas, por decir humanos.
La Teoría del Caos, originada en los avances de la física de la década de 1970, intenta explicar el comportamiento de sistemas dinámicos complejos, no lineales y alejados del equilibrio, reconciliando los patrones de comportamiento con la impredecibilidad, es decir, el orden con el caos. Los sistemas sociales se caracterizan por la presencia de numerosos agentes y numerosas interrelaciones entre ellos, potencialmente caóticas, por lo cual resulta absurdo pretender reducir la vida social a un determinado modelo. Dado que el mundo real es complejo, ningún sistema formal va a poder capturarlo por completo, ni mucho menos determinarlo. Además, cuanto más complejo es un sistema, tanto más resulta imposible su conducción consciente. En realidad, caos y orden no son términos contrapuestos. El caos no es más que la apariencia que presentan las situaciones de muy alta complejidad. Los ordenamientos complejos característicos de la sociedad y la economía posmodernas, siempre se hallan al borde del caos, y se regeneran a través de él.
Batman y El Guasón comparten la misma naturaleza. No pertenecen al establishment. Ambos son outsiders. Representan la anormalidad. Una anormalidad genuina, que los distingue de los simples emuladores como aquel irrisorio hombre murciélago que interviene en la captura del Espantapájaros. Batman y Guasón son singulares, van más allá de la copia, el esnobismo o el kitsch. Existen falsos guasones y falsos hombres murciélago. A los verdaderos les une un mismo destino: ambos serán perseguidos por desafiar al sistema.
El Guasón de Nohlan cuestiona el orden de Ciudad Gótica, defendido por el Comisionado Gordon y por el Procurador Dent. El ideal de sociedad absolutamente ordenada contiene el germen del totalitarismo. Una sociedad racionalmente controlada reprime las diferencias. Ante el orden racional, fundamentado en el mito de la modernidad, el Guasón encarna, de la forma más grotesca, el cuestionamiento, la subversión y la postmodernidad.
Este Guasón es víctima y victimario. Igual que Batman. Los buenos y los malos se confunden, en dos caras, mientras el público observa con estupor la dilución del maniqueísmo: en Batman hay algo de sinrazón, en el Guasón hay algo de razón. El Guasón es una caricaturización terrorista, siniestra y radical, pero no por ello incoherente. Sus móviles no son convencionales. No persigue el dinero, el poder o la fama. Batman, en cambio, es un millonario que utiliza la tecnología como herramienta para combatir a los agentes del desorden, pero desde el desorden. Pretende restablecer el orden mediante el control desde fuera del establishment. Eso le genera conflictos existenciales y éticos: Bruce Wayne necesita a Batman y Batman debe ser perseguido por el sistema. La pretensión del villano es bastante más ambiciosa. Aspira a un cambio social profundo. Busca generar caos, denunciando las ambigüedades éticas del sistema altamente controlado (dilema de los dos barcos), aunque su “experimento” finalmente falle. En este sentido, el Guasón es un filósofo, un filósofo del caos.
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Publicado: 18 Aug 2008